Así empieza… Capítulo 1

Así empieza esta nueva novela que estoy escribiendo. Ya tiene título, pero no lo diré de momento… Podéis opinar…

CAPÍTULO  I

Recuerdo perfectamente aquel viaje a Italia. Soñamos muchas veces con hacerlo juntos. Tú querías ir a Venecia, por supuesto. Pero a mí no me importaba, yo iría a donde tú quisieras. Por ti iría al fin del mundo… ¡no! Esto es inexacto, la auténtica verdad es que iría hasta el fin del mundo, pero contigo. Y si tú querías Venecia, allí sería.

Planificaste el viaje a tu antojo. Lo dejé todo en tus manos, sabía que lo harías bien. A tú gusto, pero perfecto. Y yo ya me había acomodado a tus gustos, a tus maneras… a lo tuyo.

Decidiste que ir en coche sería estupendo, que así podríamos disfrutar tanto del viaje en sí, como del destino. Estuve de acuerdo, como siempre tenías razón. No teníamos prisa, disponíamos de quince días de vacaciones en agosto, el resto nos las guardábamos para hacer otro viaje en Navidad, a New York nada menos.

Fueron las mejores vacaciones de mi vida. El mejor viaje de mi vida, y había viajado bastante, tú lo sabes. Pero recorrer contigo el sur de Francia, la hermosa costa azul, parándonos en dónde nos apetecía, excepto para dormir, que por razones obvias; vacaciones, verano y agosto, contratamos hoteles de antemano.

Este viaje nos llevó, entre varios lugares más, a Verona, preciosa ciudad de la que también disfrutamos mucho. Paseamos por sus calles, comimos en un restaurante situado en la casa de “Romeo” ¿Te lo puedes creer? ¡La casa de Romeo! y por supuesto visitamos la casa de Julieta, hasta nos hicimos una foto en el balcón. Al parecer, esto es lo más visitado de la ciudad. Pudimos escuchar como un guía contaba a un grupo de visitantes españoles, que miles de enamorados escriben cartas a Julieta cada día, ¡Vaya tontería! Y por lo visto, son tantas las que reciben, que se creó una asociación totalmente altruista, dedicada a contestarlas todas. En aquel momento me pareció ridículo ¿Por qué alguien podría escribir una carta a un personaje de ficción que, aunque fuese real, llevaba varios siglos muerto? ¿Qué podría llevar a una persona, a escribir una carta dirigida a la dulce Julieta de la imaginación de Shakespeare? Ahora lo sé, y hasta puedo entenderlo, el desamor. De este estado de absoluta desesperación, han salido posiblemente, los más bellos poemas de amor de la historia. Cualquier ejemplo valdría, me viene a la mente “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” de Neruda.

“Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.

El río anuda al mar su lamento obstinado.

Abandonado como los muelles en el alba.

Es la hora de partir, oh abandonado.

Sobre mi corazón llueven frías corolas.

¡Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos! …”

Así empieza la canción desesperada y qué decir del poema veinte “…Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pensar que no la tengo, sentir que la he perdido…”

Es maravilloso, puede uno recrearse en el dolor y la desesperación de la pérdida de ese amor, tal como yo mismo hago casi todos los días desde que te fuiste.

Por eso he llegado a la conclusión de que el desamor, es el causante de todos los males, y el que lleva a cometer locuras increíbles y gilipolleces varias, como escribir cartas a una tal Julieta que existió, única y exclusivamente, en la imaginación de Shakespeare.

Pero voy a seguir rememorando aquel viaje, porque a mi “yo” masoquista le place, y se recrea en ello.

Llegamos a Venecia, ¡Por fin Venecia! Cogimos el vaporetto, que nos llevó hasta Piazza San Marcos, Nos hicimos fotos en el puente “dei suspiri” Paseamos todas sus callejuelas, fuimos también hasta Murano, Allí te compré aquellos pendientes de cristal en forma de búho que tanto te gustaron _Nos traerán suerte_ dijiste.

Hasta nos montamos en góndola un atardecer salimos a cenar a un pequeño restaurante con mucho encanto. Nos dieron una mesa al lado de un gran ventanal desde el que se podía disfrutar la hermosa vista del gran canal, y de uno de los muchos palacios que había en esta increíble ciudad. Si había un lugar en el que era imposible olvidar que estabas cenando en Venecia, era aquel.

Después de dos días en aquella romántica ciudad, continuamos nuestro viaje hacia la Toscana, pero antes nos bañamos en las preciosas playas que asoman al Adriático.  Rímini ¡cómo no! Fue genial, disfrutamos de cada paseo por la playa, de cada baño en las caldosas aguas del Mar Adriático, que no es otro que el Mediterráneo cuando se adentra entre la bota italiana, y la costa de Eslovenia, Croacia y Bosnia.

Continuamos hasta Florencia y Siena. Qué magníficas ciudades, pero lo mejor fue pasear por la Toscana, de pueblo en pueblo, disfrutando del paisaje y de la increíble luz que te prometí plasmar en un cuadro. Siempre me gustó pintar, aunque todavía no fui capaz y seguramente no lo seré. Hay que tener ilusión y alegría de vivir, para pintar la belleza del cielo toscano, contrastando con los verdes de los cipreses, y los amarillos y anaranjados del campo en agosto, y yo ya no tengo ni una cosa, ni otra.

¿Cómo fue que echamos todo a perder? ¿Cuándo? Al volver de aquel viaje, veníamos eufóricos, con ganas de más, enamorados como nunca. ¿En qué punto nos perdimos? ¿Qué fue lo que te llevó a pedirme “espacio”?  “_Te quiero_ me dijiste_ Pero necesito espacio, tenemos que darnos un tiempo para reflexionar, necesito aire, me siento agobiada”

No entendí nada, pero te di el aire, el espacio y el tiempo que necesitabas. No te agobié, pero no lo comprendí hasta después, mucho después, cuando el aire y el tiempo se lo llevaron todo, hasta el espacio que ocupábamos tú y yo.

Cuando al fin volviste, al verte quise abrazarte, sentí la necesidad de hacerlo.

Habían pasado más de tres meses en los que cada día trabajaba desde el amanecer hasta bien entrada la madrugada. El trabajo fue mi tabla de salvación, me refugié en él, mantenía mi mente ocupada. Pero en cuanto cerraba el pc, me asaltaban los pensamientos que había apartado durante las largas jornadas de trabajo que me imponía.

Terminé el manuscrito, ya sabes, aquel proyecto tan ambicioso que pensaba hacer cuando fuese más mayor, más viejo. Pero se ve que me hice viejo antes de tiempo.

Mi agente está encantada, cree que es lo mejor que he escrito, y por lo visto hay dos grandes editoriales interesadas en él. Espero que después de tantos años escribiendo, casi desde que puedo recordar, por fin mi trabajo se vea recompensado.

Al abrazarte lo supe, supe que se había acabado todo. No quería soltarte, y tú no rompiste el abrazo porque sabías que era el último.

Por fin te liberé de mi incómoda cercanía y te miré a los ojos, tú los apartaste, no querías que viera dentro de ti. No me hizo falta, ya lo había sentido, pero necesitaba de tus palabras, de tus explicaciones. Mi mente necesitaba procesar toda la información para poder entenderlo.

_ ¿Por qué Elena? Te pregunté

_No lo sé, Te he querido muchísimo Adrián, pero después de este tiempo me he dado cuenta de que eres el mejor de los amigos. Sé que lo darías todo por mí y valoro eso, pero no puedo quererte con ese otro amor apasionado que debe haber entre dos amantes.

_Y eso ¿Cuándo lo descubriste? ¿Tal vez durante estos más de seis meses que llevamos “dejándonos espacio”?

_Sé que estás enfadado, pero por favor no lo estropees, me gustaría que pudiéramos encontrarnos en el futuro sin rencor, y que pudiéramos tenernos el uno al otro como amigos.

_A ti te gustaría… Ya, pues a mí me hubiera gustado que hubieses sido franca desde el principio. Que me hubieses dicho toda la verdad, lo que realmente sentías. Que hubieses tenido el coraje de afrontar todo esto como nos merecíamos.

_Por favor Adrián, no te he mentido. Empecé a sentirme atrapada…

_ ¿Atrapada por quién?  ¿Cómo? Piensa Elena. Te atraía otra persona, eso fue lo que te pasó, por eso necesitabas “aire” para poder estar con él.

_Eso no es así Adrián, de hecho, no estoy con nadie.

_Sé que no estás con nadie. Antes de eso necesitas romper todo vínculo conmigo. Lo de ponerme los cuernos sería de muy mal gusto, y al fin deseas seguir siendo la mujer íntegra y sincera que siempre has pretendido ser, aunque dudo mucho que lo hayas sido nunca.

_No me hables así, no lo merezco, siempre me he portado bien contigo.

_Bueno, eso lo dices tú. De todas formas, tal vez lo hayas sido en el pasado, ahora mismo estás actuando como una auténtica cínica.

Elena estaba allí de pie, sin moverse. Agachaba la cabeza mientras se tragaba todas mis palabras envenenadas. No me gustaba lo que le estaba haciendo. Me hubiera gustado haber sido más condescendiente con ella, pero no pude. La ira invadía mi corazón que, por un momento al verla entrar, se había parado una milésima de segundo.

_Supongo que quieres tus cosas. Están todas metidas en cajas, en el garaje. Si falta algo me lo dices, y si quieres llevarte algún recuerdo, puedes hacerlo, aunque no sé para qué ¿Verdad?

Elena se dio la vuelta, supongo que con la intención de ir al garaje, pero se volvió para decirme

_No era así como quería que terminase lo nuestro…

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