¡AY, EL DESAMOR!

thLa incertidumbre se había adueñado de su vida, un buen día no sabía muy bien cuando se encontró en esa situación difícil, en la que no sabía cómo continuar con su vida. Seguir como si nada hubiera pasado bueno, era una opción, pero Elisa no sabía actuar así. Ella fue siempre una mujer apasionada con todo, con sus amistades,  con sus amores, con sus hijos, con todo en su vida, y ahora quedarse tranquilamente esperando a que el tiempo lo curase todo, y devolviera cada cosa a su sitio, no era desde luego una opción para ella. Seguramente, sería una buena forma de hacer las cosas, meditadas, pausadas, sin desesperación, con mucha paciencia, pero ella no podía. María se lo repetía constantemente:  «No te desesperes, todo va a volver a su sitio, no hagas nada que lo estropee aún más». Pero ella siempre tuvo ese defecto, entre otros muchos claro, era impaciente, no sabía esperar, tenía que hacer algo, lo que fuese. Y la mayoría de las veces esa impaciencia, ese ímpetu, terminaba por estropearlo todo.

Pero ahora era diferente, no quería estropearlo, por encima de todo deseaba que aquello terminara bien. Había invertido muchos años de su vida en aquella relación para que ahora se fuese todo al traste.

Al principio cuando él le confesó su infidelidad, no hacía más que llorar y preguntarle y preguntarse porqué. Un día si y otro también montando escenas de celos como si fuese una adolescente. ¿Qué había pasado?, ¿porqué? Él no tenía respuestas, o no tenía las respuestas que ella quería. Le dijo que la quería, que nunca había pensado en dejarla, que aquello había sido un error, que un fallo lo puede tener cualquiera. Se arrepintió como nunca lo había hecho con nada, y ella lo sabía, por eso decidió perdonarlo.

Pero luego vino lo peor, vivir con ello. Con la angustia metida en el pecho, con la necesidad de sentirse querida. Una necesidad difícil de cubrir; para él, porque quizás aquel sentimiento lo dejó descolocado, y necesitaba tiempo para digerirlo, y se sintió derrotado, triste, cansado…Se defraudó a sí mismo, no supo manejar la situación para que no llegara a afectarles a Elisa y a  él. Y para ella, porque verlo a él así, le hacía pensar que había sido algo más que una cosa sin importancia, le había dedicado un sentimiento que tendría que haber sido para ella.

   Los sentimientos son algo verdaderamente difícil de manejar, pensaba Elisa, sobre todo si se es un apasionado de la vida. Con el paso de los meses, la situación parecía que iba mejorando pero a ella le habían quedado secuelas,  seguramente a él también, pero lo que a Elisa le parecía más doloroso, era la profunda cicatriz que tenía en el alma, porque nunca terminaba de cerrarse del todo, de vez en cuando volvía a sangrar y esto es lo que le producía incertidumbre. Quizás, no tendría que haber pegado los trozos del amor roto, quizás hubiera sido mejor dejarlo todo y empezar de nuevo.